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La vía del Tequendama


Por: Alvaro Agudelo
La que fue la primera vía de comunicación entre la capital y el sur occidente de Colombia, la más lógica porque va por el drenaje natural de la sabana el rió Bogotá, convertido hoy en la más grande alcantarilla del país; con 80 años de servicio, la más corta. Seleccionada en la IX Conferencia Panamericana realizada en Bogotá en 1948 como la ruta que uniría las capitales suramericanas (todavía no existe un decreto que diga lo contrario), la más apta para cardíacos porque en ningún lugar de su recorrido se sobrepasa la altura de sabana, ecológicamente incuestionable porque requiere menor consumo y quema combustibles fósiles, por tanto, ahorro de rodamientos y de maquinaria; es hoy una lamentable trocha y no por el invierno, entre los sitios Pto. López y Santa Helena, en los municipios de Anapoima y Viotà; es la misma vía donde el país aprendió a manejar el tránsito vehicular, donde se han cometido todo tipo de errores y horrores, porque nunca se rectificó el trazo, ni se cuidaron las bermas, permitiendo la construcción de viviendas en el área del eje de la vía, sin que ninguna autoridad impidiera tal insensatez, en momento oportuno.  
Las pifias son tan protuberantes que al paso por los centros poblados, la carretera se convirtió en la calle principal de El Charquito, Pradilla, Mesitas, El Triunfo, Patio Bonito, Viotà y el Piñal, como consecuencia lo que se gana en distancia se pierde por lenta movilidad, porque también el tráfico pesado se mueve por el mismo camino y los municipios aún no han entendido que en el Esquema de Ordenamiento Territorial EOT, se tiene que prever el estacionamiento, pues cuando se diseñaron los pueblos, el estacionamiento era para semovientes, no para automotores; total, ahora la única alternativa es construir variantes, para evitar el paso de tracto mulas por los caseríos y para que por la carretera fluya un mayor número de vehículos y ese costo lo debe asumir la nación y el departamento que no previeron, ni corrigieron lo que se estaba presentando. 
En el 2002 se robaron el puente sobre el rió Calandaima construido en 1939, tras la colocación de una bomba que acabo con parte del revestimiento cerámico, permitiendo la observación de la estructura metálica que resulto ser hierro alemán de 20.000 libras de presión por pulgada, material ideal para los cañones de las armas, tumbaron la estructura, limpiaron el material y se lo llevaron sin dejar la más mínima muestra. 
En 2004, el departamento trato de solucionar en parte la falla geológica de Golconda, pero no se cumplió con lo pactado, que era rectificar y ampliar la trocha de Calichana, angosta de 4.50 metros, sinuosa y con pendientes del 18% de trágicas secuelas semanales en el poco tiempo de servicio. ¿Cuántos accidentes más, con muertos, se requieren para la rectificación?
Lo paradójico es que, con frecuencia, cuando las vías troncales de Fusagasugá y La Mesa se congestionan por deslizamientos o accidentes, tienen que acudir a esta vía, relegada hasta por política, pues en algún periodo hasta se combatieron las ideas con incomodidades, e hicieron otra más larga por el Sumapaz. Pese a que la zona fue la más alta productora de divisas (café 1850–1970), producto de la mano del hombre. 

El ejemplo de lo que se pretende lo da Tocaima con su variante, con resultados sorprendentes, vinculo nuevas áreas al comercio, el precio de la tierra se mejoró, se terminó la congestión urbana, los negocios han prosperado, las vías de acceso son espectaculares, definiendo la localidad como destino turístico a los ojos de los colombianos

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