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El cartel del COVID y otros peligros




“Los médicos se están ganando 60 millones por cada muerto de COVID, no me lo contaron lo viví y el Dr. X me lo confirmó” Esto mencionaba un audio que llego a mi teléfono la semana pasada, sobre una situación que se presentó en una de las clínicas de la ciudad. Cómo llegamos a esto, me pregunté.
Comencemos en Cartagena:  Hace más o menos unos 10 días antes un colega de me escribe a las 8 p.m, me comenta visiblemente angustiado que los familiares de un paciente le habían dicho al personal de atención pre hospitalaria que los transportó, que si su familiar falleció por COVID 19 estaban dispuestos a levantar a tiros a todo el mundo. El error: no denunciaron, y lamentablemente esta persona fallece. Trágico. Cuál sería mi sorpresa al notar que un importante medio periodístico de nuestra región recogió la versión de la historia de la misma persona que había amenazado al equipo médico dándola por hecho, con un titular digno del más bajo de los populismos donde se insinuaba que el diagnóstico había sido falso, aunque luego en el cuerpo del artículo reconocía que el paciente si había tenido COVID,  apoyando la más reciente leyenda urbana:  que los médicos que eran aplaudidos apenas hace unos pocos meses ahora somos una suerte de mafiosos, algo así como “LA COSA NOSTRA” parte del mal llamado “Cartel de COVID”. Cuando le propuse a mi colega que sacáramos la verdad a la luz, me dio sus razones, las cuales respeto y prefirió abstenerse.
Pero bueno toda historia tiene un inicio, me pregunté de dónde salió semejante disparate, en un país que se gala de tener una deuda con el sector salud de nada más y nada menos que de 17 billones de pesos, donde no pagan ni lo que se necesita para garantizar la salud de los vivos, mucho menos van a pagar por un muerto.  Entonces fue cuando me enteré y sé que varios de mis colegas que lean esta columna también se van a enterar, que el tema se originó en el departamento del Valle del Cauca, donde el congresista Carlos Abraham Jiménez, de Cambio Radical, pidió a la Contraloría y a la Superintendencia de Salud que revise el proceso de ingreso de pacientes contagiados a las unidades de cuidados intensivos. Argumentando que se está generando un sobrecosto en la salud. Mencionaba que “En un centro médico hay varias formas de atención: la hospitalización o ser internado en una UCI. En Cali están usando más las UCI que en el resto del país. Eso significa que cogen a un paciente y en vez de dejarlo en una cama normal, lo remiten directamente a la unidad de cuidados intensivos. Si a un colombiano lo hospitalizan, el sistema de salud paga 10 millones. Mientras que si entra a una UCI se paga 30 millones. Como las clínicas están vacías, están buscando la forma más rápida de facturar y tener liquidez, y esa sería meter a los pacientes en las UCI” según lo publicado en el periódico EL ESPECTADOR. (cito textualmente)
Ah, ya entiendo de donde es que sacan el cuento de los millones. Como todo chisme termina siendo mal contado. Comenzaron con 30 millones y ya vamos por 60. No entraré en discusiones sobre si esta situación que está pasando al otro lado de Colombia será cierta o no, pero lo cierto es que acá en Cartagena estamos sufriendo las consecuencias de decidir usar el término “cartel del COVID” para referirse a esta situación, como para que suene más, no se… rimbombante será, sin recordar que paradójicamente los que integraron los previos carteles de la hemofilia entre otros eran políticos, no médicos. En fin, se ha generalizado a toda la comunidad médica un estigma, que quiero recalcar, HA HECHO UN DAÑO IRREPARABLE A TODA LA MISIÓN MÉDICA, sin contar las desatinadas e irresponsables afirmaciones del ministro de Salud y del presidente Duque.
Dejemos atrás Cali y la casa de Nariño, volvamos a Cartagena.  Otro mensaje de WhatsApp: Una señora de aproximadamente 60 años se encontraba en su casa con una marcada dificultad respiratoria y se me consultaba sobre qué debían hacer. “¡Llévensela ya para la urgencia, se puede morir!” escribí con angustia, cual sería mi horror la respuesta que recibí: “Ella está mal hace seis días, es que el hijo no quiso llevarla a la clínica antes, porque le daba miedo, por todo lo que dicen que los médicos están haciendo y los malos manejos”.   Lamentablemente el desenlace de esta historia, fue otro fallecimiento, esta señora también murió, no pudo llegar a tiempo a recibir la atención médica que pudo salvarle la vida.
Así que llego a mi punto. El peligro real no son los INEXISTENTES  60 millones que no se en la imaginación retorcida de quién cabe que nos estamos ganando, cuando nos deben meses del 2018; el verdadero peligro son esta sarta de mentiras que han escupido cual veneno que sale de la boca de una serpiente,  respecto al ejercicio de la profesión médica lo único que han logrado es desinformar a las personas, evitar que accedan a la atención a la que tienen derecho, la única atención que puede salvarles la vida,  y volverlos en contra de un gremio que está exponiendo su propia vida al atenderlos, que se desgasta psicológicamente al dejar a sus familias con temor al contagio para atender a un sociedad desagradecida, que ahora los señala como los más viles delincuentes.
El peligro es escribir en un titular que una persona entra a una clínica por una cosa y se muere por un supuesto COVID, y además afirmar que esto es mentira solo porque la PCR RT de COVID salió negativa. Permítanme señores de la prensa y los ilustro: un problema importante con la prueba de RT-PCR en tiempo real es el riesgo de obtener resultados falsos negativos y falsos positivos. Así que podemos tener "sospechosos" con características clínicas típicas de COVI-19 e imágenes de tomografía computarizada idénticas y resultados negativos. Por lo tanto, un resultado negativo no excluye la posibilidad de infección por COVID-19 y no debe usarse como el único criterio para el tratamiento o las decisiones de manejo del paciente. (1) Cada vez que se prestan para alimentar este tipo de desinformación ayudan a que personas mueran en sus casas por miedo a acudir al hospital. Entiendo el argumento de que deben darle voz a los que no se sienten escuchados, pero no a costa de nuestra dignidad profesional, esas épocas en las que nos quedábamos callados mientras nos injuriaban se acabaron. Respeten.  
Volvamos al interior del país. A los señores políticos, decirles que los entiendo, nada más propicio que una calamidad colectiva para hacer campaña; pero no con nosotros, no seremos los chivos expiatorios con los que ganarán votos para sus próximas aspiraciones electorales.
Sigamos en Cartagena. Otro peligro es la desmotivación que comienza a gestarse en esa primera línea de atención. Sumado al estrés que genera el atender una enfermedad tan compleja, el peligro que representa para el paciente y para nosotros, están las amenazas, los improperios y el maltrato al que somos sometidos, de parte de muchos sectores de la sociedad incluyendo nuestros propios pacientes. Quiero decirte algo Cartagena, los médicos sentimos que peleamos solos, cada vez más solos.  Les quiero hacer una pregunta a cada persona que se ha tomado un minuto de su tiempo para amenazarlos de muerte, para sugerir que se nos tire ácido en la cara, para aquellos que nos tratan de ratas, ladrones, y mercaderes. Se han puesto a pensar, si en un acto de amor propio hacemos una renuncia masiva y nos vamos a nuestras casas, ¿quién los va atender?  Por falta de salario sé que la mayoría no se va a preocupar, porque tristemente hemos aprendido a vivir sin que se nos pague nuestro sueldo durante uno, dos, diez y hasta dieciocho meses. Quiero que me digan, cuántos médicos se tienen que morir para que entiendan que en esta profesión evidentemente no nos tiene el amor al dinero, sino la vocación y un juramento que la mayoría de nosotros soñó con hacer durante 6 y 8 años.  Cuantas batas blancas tienen que ser sacrificadas para que entiendan que lo que más queremos es que ya no muera más gente, y que todo pueda volver a la normalidad. Tengo que reconocer que hace días me preparo para escuchar noticias que anuncien que finalmente uno de nosotros fue asesinado por sus pacientes.  Pero luego reacciono y pienso “somos médicos, no mártires”, no estamos obligados a morir por nuestra profesión y quiero que mis colegas piensen igual.
Aquí quiero hablar con mi colega que recientemente fue agredido en el Hospital Universitario del Caribe de manera verbal y psicológica. Yo te conozco y tú me conoces. Se la calidad de profesional y ser humano que eres. No eres perfecto, cometo errores y aciertos, como todos nosotros, pero sé que amas tu profesión y la ejerces con responsabilidad. Si nadie te lo ha dicho, te lo digo yo: Gracias por estar ahí, sé que nos encontraremos nuevamente para que hablemos de tu hija.
De vuelta a mi computador. Acá termina el paseo. Solo me queda cerrar este blog pidiéndoles a las personas del común, que entiendan que no somos el enemigo, si usted tiene pruebas de que existe un cartel de COVID, denúncielo formalmente, pero se escude detrás de un perfil de Facebook simplemente para esparcir mentiras. A mis colegas, recuerden que en casa hay una familia que nos espera vivos. Si te amenazan denuncia, que les caiga el peso de la ley, ya no estamos para soportar más abusos.
A la prensa, les pido respeto y rigor en sus publicaciones. Al señor Emanuel Vidal, que a nombre del gremio médico acepto sus disculpas, sé que en otras ocasiones sus caricaturas nos han apoyado y lo bueno también se debe reconocer.
Aprovecho para expresar mi más sincero apoyo al Dr. José Julián Buelvas Díaz, médico Internista e Intensivista, quien el día de hoy recibió dos sufragios, uno en su casa y otro en su hospital, donde lo acusan de haber dejado morir una paciente por COVID 19 en la unidad de cuidados intensivos de la Clínica materno infantil Adela de Char. Espero que las autoridades competentes se involucren de manera urgente en proteger la vida de este colega.
Que Dios nos guarde.
Tomado del Universal

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