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Tocaima y sus 477 Años



El municipio de Tocaima, cada año cebra con bombos y platillos su cumpleaños, denominada La ciudad Salud de Colombia, nombre ganado por la exquisitez de su clima, sus aguas medicinales, la calidez de sus habitantes,

La historia no cuenta, que los caminos abiertos por los indígenas y empedrados en la conquista, puentes que sobreviven al paso del tiempo, haciendas antes habitadas por presidentes y hasta museos con fósiles de mastodontes, son algunas de las reliquias históricas que esconden los municipios de la cuenca baja del río Bogotá, sitios que le hacen el quite a la contaminación de sus aguas.

En la época prehispánica, la cuenca baja del río Bogotá era habitada por los panches, indígenas guerreros que defendían a capa y espada su territorio. Para poder intercambiar productos con los muiscas, quienes gobernaron los terrenos de la sabana de Bogotá, abrieron trochas en medio de las montañas. Además del trueque de oro por sal, estos senderos los conducían a sus sitios de pagamento, como lagunas incrustadas en las cadenas montañosas.

A FINALES DE 1826, POR EL CAMINO REAL DE TOCAIMA, LLEGÓ BOLÍVAR LUEGO DE LIBERAR A LOS PAÍSES DEL SUR. ACÁ LO ESPERABA SANTANDER PARA EVITAR UN ROMPIMIENTO TOTAL. EN TOCAIMA FIRMARON UN ACUERDO HISTÓRICO.

Los españoles utilizaron esos caminos en la época de la conquista, no sin antes esclavizar a los indígenas para que los rellenaran con piedras y rocas y así pudieran transitar sus caballos y mulas. Igual lo hicieron los miembros de la campaña libertadora. Por estos sitios pasaron personajes emblemáticos como Gonzalo Jiménez de Quesada, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y el sabio botánico José Celestino Mutis.

Con el paso de los años, las trochas empedradas cargadas de historia, sufrimiento y libertad empezaron su declive. Muchas quedaron sepultadas bajo cemento para dar paso a las carreteras y avenidas que hoy comunican a los 14 municipios de la cuenca. Otras desaparecieron entre la maleza.


Las que lograron sobrevivir son conocidas como caminos reales. Cada uno de los municipios de la cuenca baja alberga mínimo tres de estas trochas empedradas, que son aprovechadas por algunos habitantes como un atractivo turístico y sirven de recordatorio sobre la sobredosis histórica que guarda esta parte del país.

Miguel Ángel Rico, un tolimense de 75 años, no para de hablar del camino real ubicado en el casco urbano de Tocaima. Asegura que allí se dio un encuentro histórico entre Simón Bolívar y el entonces vicepresidente Francisco de Paula Santander.

“Fue a finales de 1826. Por este camino real, construido por los indígenas panches, llegó Bolívar luego de liberar a los países del sur. Acá lo esperaba Santander para evitar un rompimiento total. En Tocaima firmaron un acuerdo histórico que sirvió como norma orientadora de la política seguida por los dos gobernantes”.

El camino de piedra de Tocaima hoy solo cuenta con dos kilómetros de largo, pero en el pasado era una megaobra que conducía a Bogotá y seguía hacia Agua de Dios, Neiva, la Plata y Popayán. “A todo el que me encuentre le digo que en este camino, que para muchos es solo un empedrado incómodo para caminar, fue una vía fundamental en la historia de nuestro país”, dice Rico, quien llegó a Tocaima a los 15 años.

“Tocaima fue un territorio panche, indígenas que fueron exterminados por los españoles para quitarles el oro, material que intercambiaban por sal con los muiscas. Estos eran dominios del cacique Guacaná, el más poderoso de los jefes comarcanos. En 1544, el Capitán Hernán Venegas Carrillo fundó un poblado con el nombre de Tocayma, que quedaba a las orillas del río Bogotá, un fuerte militar de donde salieron los españoles a conquistar el río Grande de la Magdalena”.

Según Rico, Tocaima fue candidata para trasladar la real audiencia, es decir convertirse en la capital del país, “pero el clima los desmotivó. En la colonia, Tocaima padeció por frecuentes inundaciones, y en 1581, casi 40 años después de fundada, una gigantesca avenida del río Bogotá arrasó con parte del pueblo, destruyendo el cabildo y convento. Una imagen de San Jacinto quedó flotando sobre las aguas. Por eso, los gobernantes vieron la necesidad de trasladarla a un sitio más seguro, en donde hoy está ubicada Tocaima”.

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